viernes, 27 de enero de 2012
Mi prueba, mi café
¿A quién le tienes miedo: a ti o a ellos?
Mi recorrido era largo, insistía en llegar al café, pero ¿por qué ese? Estaba él, una persona que ni siquiera conozco, era más que obvio, iba ahí por él. (Añadir foto del susodicho).
Temía por el daño que me causaron los demás, mientras camino me desprestigio de todo ¿qué quieren de mi? Tengo un atuendo ridículo, no tengo dinero, no sonrío, mi cuerpo es delgado y sin forma, y no me peino ¿qué quieren? No tengo nada que ofrecer.
Estoy bien (lo repito mil veces para convencerme, 999 veces después me rindo) no estoy bien. Te describo la escena: Sola en una mesa para cuatro; una libreta, lápiz, café y cigarro ¿qué otra compañía quiero? lo que pasa es que me siento sola, vacía. Frente a mi dos chicas, al parecer, mejores amigas; frente a ellas una pareja, coqueteando; en la mesa de al lado, una chica trabajando; regreso a mí: sola. Su música no describe como me siento, lo peor es que ni yo se como me siento, (hago énfasis) estoy sola.
Soy pésima tomando café, siempre queda una gota en la taza. -Me termino el café y me voy-. El café luce eterno. Es una prueba de fuego, tanto… lo que sea, no es normal. Sentí ganas de llorar ¿por qué me pidió que no le llamara a nadie?. Tengo miedo, debí volver cuando aún estaba el sol, ahora ni la luna me acompaña, las malditas nubes se unieron al complot de mi soledad. Tal vez piensa que espero a alguien, lo que no sabes es que no espero nada y necesito que venga.
Ya tengo a quien esperar, una amiga. Falle, fracase, la prueba de fuego se lleno de agua o café y murió, los siguientes minutos son los más difíciles, aguardar su llegada. Mi café casi se termina, era obvio, no es eterno.
¿Alguien me podría decir que hago sentada sola en un café?
-Es un vacío- él lo dijo. Sólo lo tengo que llenar.
La chica, la de la mesa de al lado, no estaba sola, su hija está con ella, le da pecho y sigue trabajando.
También es su prueba, nuestra amistad se reforzó hace unos meses, es amiga y viene por mí. Ya no estoy en el hoyo donde alguien me dejo, ni junto a una chica que sólo habla de desamor, no estoy riendo sinsentido, ni oyendo música para no escucharme, estoy sola en un café buscándome.
Dijo que se cambiaba y venia por mí, ¿será que corre para rescatarme?
La prueba, mi prueba, fallo porque es de noche, no porque sea cobarde, eso jamás.
Se acerco y me pregunto: ¿Todo bien? Y yo asenté con la cabeza ¿qué loca, no? Reacciona, nada está bien. Noto mi cuaderno, tal vez alcanzó a leer.
Diez minutos, apuesto a que apenas sale de su casa, lo sabía: los últimos minutos son los más difíciles. Sólo pienso en que no llega, ves que cobarde soy, debería de ocupar mi mente en mí.
Estoy temblando, aumente la ración de azúcar, a lo mejor quiero más sabor en mi vida.
Otra chica que llega sola ¡qué valor! sé que no me miran, pero siento como si lo hicieran. Panorama siendo las siete con cuarenta y tres minutos: la de junto sigue leyendo y escribiendo, su hija pegada a su pecho; las de enfrente ríen y platican, claro son buenas amigas; los coquetos, huyeron y la nueva chica sola espera mirando donde yo también buscaba algo: a la nada, regreso a mi mesa y las otras tres sillas siguen vacías. Me quemé los labios, al menos sentí algo. No entiendo por qué tiemblo, no me siento segura.
Quiero pensar que llegue temprano a una cita inesperada, ya tengo una razón por la cual estoy sentada aquí.
Tal vez no quieres saber mi nombre y por eso no me lo pregunta. La niña de las rosas me vio tan jodida que ni siquiera se me acerco.
Mi segundo café, mi segundo cigarro y nada, ¿Dónde carajos esta?
No se me acerca, porque sabe que la soledad se pega.
La llamo princesa y su mamá feliz, sonrío. Se me nota la cara de impaciente. Dos puntos: escribo lo que sea.
Ya llego, fin de la transmisión.
Brenda Vasquez
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