martes, 11 de diciembre de 2012

El demonio de las diez


Cedí tantas veces, mientras más dudaba, más me acercaba. Le dije, le repetí, le grite. No quería llegar, pertenecer, no quería que me consumirán, no quería perder-me. Sonreía, quería quedarme y alimentar tu recuerdo, quería malgastarte. Quería, soñaba, pretendía. Lo hacía, me acercaba y te alejabas, te llevaba de la mano, te solté. Mira mis tiempos, que sueñan a destiempo. Se sonrojan. Sinceros, sincera, transgredía cuerpos, y al final explotaba. Regalaba todo, pues nada le costaba. Mientras giraba, daba buenos deseos. Nuestro aire, desaparece. Estático, se voltea. Fumaba donde volaba. Los forjaba, los ataba y todos teníamos que comer. Su delicia ansiosa en sus caderas, se sube, se eleva. Y a mí, me deja.  Otra, rogaba por unos brazos, unas palabras, unas más de miradas, un suspiro, que no sea mucho pedir. Que no tema pedir. Despertar, despertar y parar, algo le pasaba, la hacía insoportable y deseable. Cuando pedía la muerte, nadie se la negaba. 

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