Cedí tantas veces, mientras más
dudaba, más me acercaba. Le dije, le repetí, le grite. No quería llegar,
pertenecer, no quería que me consumirán, no quería perder-me. Sonreía, quería
quedarme y alimentar tu recuerdo, quería malgastarte. Quería, soñaba, pretendía.
Lo hacía, me acercaba y te alejabas, te llevaba de la mano, te solté. Mira mis
tiempos, que sueñan a destiempo. Se sonrojan. Sinceros, sincera, transgredía
cuerpos, y al final explotaba. Regalaba todo, pues nada le costaba. Mientras
giraba, daba buenos deseos. Nuestro aire, desaparece. Estático, se voltea. Fumaba
donde volaba. Los forjaba, los ataba y todos teníamos que comer. Su delicia
ansiosa en sus caderas, se sube, se eleva. Y a mí, me deja. Otra, rogaba por unos brazos, unas palabras,
unas más de miradas, un suspiro, que no sea mucho pedir. Que no tema pedir.
Despertar, despertar y parar, algo le pasaba, la hacía insoportable y deseable.
Cuando pedía la muerte, nadie se la negaba.
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